Entrevista # 1 al principal personaje de mis novelas

Con cierta frecuencia  suelo conversar con mis personajes, les pregunto si tienen deseos de vivir otra aventura para iniciar una nueva novela con ellos, o simplemente conocer su estado de ánimo. Si se encuentran solos, optimistas, o por el contrario, están bajo un influjo de tristeza, tozudez o simplemente quieren permanecer inactivos. Y lo hago con el único afán de darles oportunidad y razón para no rebelarse, como me ha ocurrido en más de una ocasión, cuando algunos se negaron a continuar vivos o seguir siendo protagonistas de alguna de mis novelas. Fue razón suficiente para paralizar mi ánimo de seguir escribiendo y no extenderme con más capítulos o imaginar al desenlace final y acabar con él.

Durante los días que preceden al inicio de esta entrevista, estuve pendiente de la respuesta de cada uno de ellos. Algunos no han querido cooperar, otros simplemente han ocultado sus deseos, o sencillamente han declinado la oportunidad. El único que se ha brindado a responder, ha sido Roberto Hernán Carrillo. Si bien no quiso que le hiciera una fotografía, por lo que no he tenido mas remedio que insertar la imagen que ha hecho mi amigo Javier Ariza, excelente artista de los pinceles , siguiendo las descripciones de mis novelas.

Tras acabar su último caso NADANDO EN AGUAS RESIDUALES,  me ha pedido descanso durante una temporada para ocuparse de la mujer a quien ama. No me he negado, no puedo, se lo merece. Pero claro, a cambio le he pedido su colaboración  para responder a la serie de preguntas que formularé en la primera de las entrevistras.

Entre nosotros, creo que no se si podré reprimir mis deseos de seguir manteniéndole como protagonista en otra de mis novelas, pero he optado por no decírselo.

Me comentó que desea descansar una temporada, ocuparse principalmente de sus actividades profesionales y si más tarde el tiempo lo permite, administrar sus amistades, amores y cuanto pueda ocurrírsele. Accedí a su petición, pues complacer a un humilde escritor y tener la oportunidad de darle a conocer a mis amistades, seguidores y algún lector de tus aventuras, es importante para mi. Respondió, como no poidía ser otro modo, que aceptaba y quedaba a mi disposición. Para ello le enseñé y le dejé leer, algunos de los apuntes realizados a otro personaje. Confesiones de un hombre enamorado y ahora jubilado, que mantengo en otro Blog. Leyó los dos primeros apuntes y le pareció bien, es más, pidió adoptar el mismo tratamiento. Y bueno, en eso estamos.

La primera entrevista la hemos realizado en mi estudio, frente a la pantalla de mi viejo ordenador. Roberto me ha dicho que debería cambiarlo, huele a rancio, antiguo y posiblemente te dará problemas algún día de estos. Le prometí que para Enero del próximo año, lo solicitaré  a los Reyes Magos, y con algo de suerte puede que disponga de otro ordenador más acorde con el tiempo que vivimos.

—¿Cómo quieres que te llame? – me ha preguntado Roberto.

—No te entiendo. Conoces mi nombre.

—Ya, hasta ahí llego. Quiero decir que quizás te apetezca más, te llame, no sé, escritor, autor, o de cualquier otra manera.

—Mis amigos suelen llamarme Anxo.

—Entonces, ¿me consideras amigo tuyo?

—Bueno, yo diría que algo más, pero si quieres dejémoslo para más adelante. Llámame como te apetezca.

—No, como tú quieras.

—Vale, entonces te llamaré Anxo.

— De acuerdo.

—¿Empezamos?

—Claro. Adelante.

—Bien. ¿De dónde sales? ¿Qué hiciste hasta aparecer en tu primera aventura?

—Eso deberías preguntártelo a ti mismo. Fuiste mi creador. Aparecí en la página 10 de DOCE CASOS EN MADRID.

—Ya, eso lo sé, Roberto. Lo que quería saber, y mis amigos también, es algo de tu situación hasta ese momento. Por aquel entonces eras inspector, acababas de incorporarte de otra comisaría, si no recuerdo mal de una en el centro de Madrid.

—En efecto, llevaba allí como subinspector, agregado a la Sección de Homicidios. Estaba prácticamente recién ascendido. Acabe los exámenes y me presenté, quería una de las plazas que salieron como inspector. Deseaba seguir en Homicidios, siempre me gustó ese tipo de investigación. Pero tú mejor que yo, sabes que José María, me reclamó para ocupar…, la verdad, no me apetece hablar mucho de esto, me resultó desagradable dejar a los compañeros después de tanto tiempo trabajando con ellos. Luego estuvieron riéndose de mí y conmigo mucho tiempo por el nombre que le dieron a mi Sección.

—¿Te refieres a la Sección de Casos Extraños?

—Vaya nombrecito que le diste.

—Tienes razón, pero debes convenir conmigo, que cuantos llevaste a partir del primero de los casos, Incrédula, fueron todos bastante extraños.

—Si tienes razón, pero como te decía, fue motivo de chanza de mis compañeros. Menos mal que no llegaste a reflejarlo. Me hubiera negado a continuar siendo protagonista de tus historias.

—También podría haberte eliminado y dar mayor proyección a tu amigo Ignacio Dobles.

—Hombre, muchas gracias.

—Es cierto, si tú me amenazas, yo puedo hacer como escritor lo que quiera, y si me das mucha guerra, te elimino y ¡hala!, tan contentos.

—Hombre, no me gustaría, después de tantas historias juntos, quisiera seguir a tu lado.

—Vale, no discutamos, pero tampoco te pongas gallito o nos enfrentaremos.

—Bien, bien.

—¿Cómo te encontraste en esos doce primeros casos?

—Relativamente bien. Lo cierto es que me pilló por sorpresa, estaba acostumbrado a otro tipo de actividades. Sabes que no soy persona a quien guste destacar. Trato de considerarme un hombre del montón, así paso más desapercibido.

—Disculpa, pero pensé que eras algo presumido.

—¿Porque lo dices?, por el comentario que te hizo recientemente esa amiga tuya.  Sí, hombre, esa amiga a quien has dedicado mi último caso NADANDO EN AGUAS RESIDUALES.

—En parte sí. Es más, a veces creo que nos confunden, y puedo asegurarte que nada, absolutamente nada, tengo que ver contigo, Roberto.

—Si yo te creo, ya sé que no somos ni parecidos. Sin embargo encuentro de vez en cuando, bueno, al menos eso me parece, que algún personaje no es de mi círculo, sino más bien del tuyo.

—Debes entender que en ocasiones mis propias vivencias, suelen mezclarse con las tuyas, pero solo para establecer una sintonía con la realidad, y darle un matiz más creíble al dotarlo de momentos vividos por mí.

—¿Entonces algunas cosas son reales? ¿ No son fruto de la ficción?.

—Desde luego.

—Vaya, vaya, con el autor. No sabía yo que hacías trampas.

—No son trampas Roberto, solo apoyo a la ficción recreando algunas vivencias, y así la descriptiva es más creíble. ¿Seguimos?

—Claro.

—¿Es cierto que en aquella época eras un libertino y un crápula?

—Sí. Pero debo confesarte que solo era fruto de mi propio estilo de vida. Los compañeros, la peligrosidad diaria a la que nos enfrentamos los policías. Eso hace que algunos, como yo, descarten la idea de mantener una relación fija. Es algo así como si fuera a acabarse el mundo e intentaras disfrutar a tope los minutos que te quedan. ¿Quién sabe lo que podrá depararme mañana?. Pero nunca hice daño a ninguna mujer, puedo prometértelo.

—No te lo hubiera permitido.

—Me imagino. Lo que si me gusta es que me mantienes fiel a una marca de whisky y a un tipo de mujer.

—Disculpa Roberto, pero no me gustaría desentrañar totalmente tu vida, ten en cuenta que algunos de tus casos, aún no están publicados, y claro, si hablamos de ciertas cosas, sería tanto como descubrir la intriga que intento ocultar en ellos.

—No comprendo.

—Si hombre. Fundamentalmente son tres las líneas que sigo contigo. A saber, tu protagonismo como policía. Tu vida personal y tus amistades, principalmente Loli.

—¡Ah!, Loli. Tienes razón.

—Tampoco debemos olvidar a tus compañeros y… compañeras. ¿Olvidas a Esperanza?

—La verdad es que no.

—Volvamos a nuestros primeros doce casos.

—Como quieras.

—¿Cuál de ellos te pareció más importante?

—Todos, son divertidos. Bueno, quiero decir, interesantes. Pero indudablemente el que más impacto me ocasionó fue Fantasmas, si no recuerdo mal, el noveno caso.

—Es cierto a mí también me impactó. Pero fue una historia que tenía muchas ganas de contar.

—La verdad, Anxo, podrías haber dejado esa historia para otra de tus novelas o relatos cortos.

—¿Y tú como sabes que escribo otro tipo de narraciones?

—Pareces tonto. ¿Qué crees hacemos algunos personajes cuando cierras el ordenador? Allí estamos, en el disco duro, en esas carpetas diferenciadas, y a veces, comentamos las aventuras pasando de una novela a otra. La verdad, disfruto bastante. Aunque debo preguntarte algo.

—Adelante.

—¿Quién es Ella? La pones en las dedicatorias de todas tus novelas.

—No voy a responder a eso. Lo siento. Todos los amigos que me leen lo preguntan, pero si son amigos, deberían conocer mi presente, pero sobre todo mi pasado, y entonces la pregunta solo tiene una respuesta.

—Pero, yo desconozco tu pasado. Por eso pregunto directamente.

—Discúlpame, pero como soy el autor, seguiremos con lo importante, y ahora eres tú, y no yo.

—Está bien, veo que te he molestado. Disculpa.

—No me has molestado.

—Bien, ¿qué más quieres saber?

—¿Aun llevas las marcas en la muñeca que te hicieron en el caso El Siguiente?

—Naturalmente, son imborrables. Que se le va a hacer. Pero, no has vuelto a hablar de ellas.

—De momento no, por eso te pregunto. Cuando estés dispuesto para la siguiente aventura, veré si tengo oportunidad de incluir las marcas.

—Como quieras.

—Oye, te importa que lo dejemos por hoy.

—No, ni mucho menos. Además quiero invitar a cenar a Celia y se está haciendo algo tarde.

— ¡Que suerte tienes!

— ¿A qué te refieres?

— A Celia, pero ya hablaremos de ella más adelante.

—Claro.

—¿Hasta mañana?

—No lo sé, te avisaré.

—¿Cómo?

— Abriré el original del último caso de Doce Casos en Madrid. Lo sabrás.

— De acuerdo.

— Ten cuidado, voy a apagar el ordenado

— Lo tendré.

© Anxo do Rego. Todos los derechos reservados

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