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Un año más.

Cada año, después de sumar uno más y restar el mismo al resto de mi vida, vuelvo a tener unos días de reflexión, fundamentalmente para comprobar; tras pasar lista a cuanto me sucedió para bien y para no tan bien; que en un porcentaje muy elevado, la teoría no concuerda con la práctica.

Cada comienzo de ejercicio preparo el presupuesto de actividades, acciones, vivencias y casi nunca, al menos ahora, apenas suelen coincidir algunas.

Encuentro satisfacción no haber pisado a alguien, ahora no sería necesario. Sigo manteniendo mis niveles de criminalidad por debajo del 0,5%, eso también me satisface, aunque es cierto que en ocasiones me gustaría quitar la “coma”. De amores, bueno lo dejaré para el último comentario.

Las amistades in crescendo. Sí ya sé que debería utilizar “progresando”, pero como sabéis, me encanta la ópera, la música sinfónica y su terminología italiana. Incentivadas, nuevas, recuperadas, activas, incesantes, mas naturales, esenciales, afectuosas, incluso las que me atrevo en llamar dormidas, suelen activarse cuando menos lo esperas. Simplemente maravilloso, o eso parece.

El paso del tiempo, es un sinvivir, me recuerdan constantemente que pasa irremediablemente. No es que me moleste, bueno a veces si, pero vamos a ver, no me tendrán mucho en cuenta algunos, si el año pasado supieron cuantos cumplía, que vienen este y te asaltan con ¿Y cuantos caen?, pues eso, uno mas que el año 2017. Pero volvamos al sinvivir. El calendario insiste cada día en anunciarte cada siete días que la semana ha pasado, el banco al ingresarte a finales de mes la nómina, el ordenador y su agenda para anunciarte que tu evento se producirá en …tantos días, tu Centro Comercial envía su felicitación de aniversario, sin olvidar al gran hermano FB que ya se ocupa de recordar a los miles de seguidores que tu aniversario se celebra en la fecha prevista y les invita a enviarte su felicitación.

Ciertamente estoy satisfecho y en ocasiones hasta repleto. Supe apartar de mi vida a un elemento disuasorio de mi libertad y cultura, y con ello cumplir una serie de metas que durante años, a mi pesar, había olvidado. Aunque en ocasiones debo reconocer que el refrán, el hombre es el único animal que tropieza en la misma piedra se aproxima a la certeza. Me considero buena persona, en el amplio concepto, y no significa que no advierta los comportamientos de algunos seres, de ambos géneros, para conmigo. Solo que soy incapaz de dejarlos en la estacada cuando les hago falta. Ellos, transcurrido cierto tiempo recurren al olvido y otras apariencias para de manera individual o a título de susurro, reconocer sus errores. Suelo esperar, incrédulo de mi, a ese suceso que confirme que la mayoría de los seres humanos son buenos. Y cada año insisto con idéntico resultado en los casos que aún se mantienen pendientes de resolver (por ellos)

Queda por afrontar el aspecto “amores” y creo que seguiré conformándome con algunas e importantes amistades que me rodean, al fin y al cabo las amo y considero mi familia ya que carezco de ella hace años, aunque algunos supongo siguen viviendo aunque parezca lo contrario. Pero sí, en efecto son los otros amores, y esos no creo volver a alcanzarlos. Son muchos los recuerdos que me envuelven en el transcurso de los años, y si bien suelo encontrar un enorme vacío difícil de llenar, también es cierto e imposible revivir el pasado. No obstante si recibo un correo de Ella felicitándome, el corazón se envalentona, late con prisa y pese a saber que solo es una acción solitaria carente otro detalle e intención, ese día alcanzo la cima del Everest sin oxígeno. Luego, al siguiente el mundo continúa como antes, pero soy feliz durante un momento.

La felicidad, la otra, la alcanzo, trabajando cada hora e inventando historias con las que favorecer a cuantos amigos y amigas me rodean, y a quienes estoy muy agradecido por dejarme entrar en sus vidas y participar de su amistad. Es un lujo hoy en día.

Gracias a cuantos me consideráis vuestro amigo, de verdad.

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Entrevista # 1 al principal personaje de mis novelas

Con cierta frecuencia  suelo conversar con mis personajes, les pregunto si tienen deseos de vivir otra aventura para iniciar una nueva novela con ellos, o simplemente conocer su estado de ánimo. Si se encuentran solos, optimistas, o por el contrario, están bajo un influjo de tristeza, tozudez o simplemente quieren permanecer inactivos. Y lo hago con el único afán de darles oportunidad y razón para no rebelarse, como me ha ocurrido en más de una ocasión, cuando algunos se negaron a continuar vivos o seguir siendo protagonistas de alguna de mis novelas. Fue razón suficiente para paralizar mi ánimo de seguir escribiendo y no extenderme con más capítulos o imaginar al desenlace final y acabar con él.

Durante los días que preceden al inicio de esta entrevista, estuve pendiente de la respuesta de cada uno de ellos. Algunos no han querido cooperar, otros simplemente han ocultado sus deseos, o sencillamente han declinado la oportunidad. El único que se ha brindado a responder, ha sido Roberto Hernán Carrillo. Si bien no quiso que le hiciera una fotografía, por lo que no he tenido mas remedio que insertar la imagen que ha hecho mi amigo Javier Ariza, excelente artista de los pinceles , siguiendo las descripciones de mis novelas.

Tras acabar su último caso NADANDO EN AGUAS RESIDUALES,  me ha pedido descanso durante una temporada para ocuparse de la mujer a quien ama. No me he negado, no puedo, se lo merece. Pero claro, a cambio le he pedido su colaboración  para responder a la serie de preguntas que formularé en la primera de las entrevistras.

Entre nosotros, creo que no se si podré reprimir mis deseos de seguir manteniéndole como protagonista en otra de mis novelas, pero he optado por no decírselo.

Me comentó que desea descansar una temporada, ocuparse principalmente de sus actividades profesionales y si más tarde el tiempo lo permite, administrar sus amistades, amores y cuanto pueda ocurrírsele. Accedí a su petición, pues complacer a un humilde escritor y tener la oportunidad de darle a conocer a mis amistades, seguidores y algún lector de tus aventuras, es importante para mi. Respondió, como no poidía ser otro modo, que aceptaba y quedaba a mi disposición. Para ello le enseñé y le dejé leer, algunos de los apuntes realizados a otro personaje. Confesiones de un hombre enamorado y ahora jubilado, que mantengo en otro Blog. Leyó los dos primeros apuntes y le pareció bien, es más, pidió adoptar el mismo tratamiento. Y bueno, en eso estamos.

La primera entrevista la hemos realizado en mi estudio, frente a la pantalla de mi viejo ordenador. Roberto me ha dicho que debería cambiarlo, huele a rancio, antiguo y posiblemente te dará problemas algún día de estos. Le prometí que para Enero del próximo año, lo solicitaré  a los Reyes Magos, y con algo de suerte puede que disponga de otro ordenador más acorde con el tiempo que vivimos.

—¿Cómo quieres que te llame? – me ha preguntado Roberto.

—No te entiendo. Conoces mi nombre.

—Ya, hasta ahí llego. Quiero decir que quizás te apetezca más, te llame, no sé, escritor, autor, o de cualquier otra manera.

—Mis amigos suelen llamarme Anxo.

—Entonces, ¿me consideras amigo tuyo?

—Bueno, yo diría que algo más, pero si quieres dejémoslo para más adelante. Llámame como te apetezca.

—No, como tú quieras.

—Vale, entonces te llamaré Anxo.

— De acuerdo.

—¿Empezamos?

—Claro. Adelante.

—Bien. ¿De dónde sales? ¿Qué hiciste hasta aparecer en tu primera aventura?

—Eso deberías preguntártelo a ti mismo. Fuiste mi creador. Aparecí en la página 10 de DOCE CASOS EN MADRID.

—Ya, eso lo sé, Roberto. Lo que quería saber, y mis amigos también, es algo de tu situación hasta ese momento. Por aquel entonces eras inspector, acababas de incorporarte de otra comisaría, si no recuerdo mal de una en el centro de Madrid.

—En efecto, llevaba allí como subinspector, agregado a la Sección de Homicidios. Estaba prácticamente recién ascendido. Acabe los exámenes y me presenté, quería una de las plazas que salieron como inspector. Deseaba seguir en Homicidios, siempre me gustó ese tipo de investigación. Pero tú mejor que yo, sabes que José María, me reclamó para ocupar…, la verdad, no me apetece hablar mucho de esto, me resultó desagradable dejar a los compañeros después de tanto tiempo trabajando con ellos. Luego estuvieron riéndose de mí y conmigo mucho tiempo por el nombre que le dieron a mi Sección.

—¿Te refieres a la Sección de Casos Extraños?

—Vaya nombrecito que le diste.

—Tienes razón, pero debes convenir conmigo, que cuantos llevaste a partir del primero de los casos, Incrédula, fueron todos bastante extraños.

—Si tienes razón, pero como te decía, fue motivo de chanza de mis compañeros. Menos mal que no llegaste a reflejarlo. Me hubiera negado a continuar siendo protagonista de tus historias.

—También podría haberte eliminado y dar mayor proyección a tu amigo Ignacio Dobles.

—Hombre, muchas gracias.

—Es cierto, si tú me amenazas, yo puedo hacer como escritor lo que quiera, y si me das mucha guerra, te elimino y ¡hala!, tan contentos.

—Hombre, no me gustaría, después de tantas historias juntos, quisiera seguir a tu lado.

—Vale, no discutamos, pero tampoco te pongas gallito o nos enfrentaremos.

—Bien, bien.

—¿Cómo te encontraste en esos doce primeros casos?

—Relativamente bien. Lo cierto es que me pilló por sorpresa, estaba acostumbrado a otro tipo de actividades. Sabes que no soy persona a quien guste destacar. Trato de considerarme un hombre del montón, así paso más desapercibido.

—Disculpa, pero pensé que eras algo presumido.

—¿Porque lo dices?, por el comentario que te hizo recientemente esa amiga tuya.  Sí, hombre, esa amiga a quien has dedicado mi último caso NADANDO EN AGUAS RESIDUALES.

—En parte sí. Es más, a veces creo que nos confunden, y puedo asegurarte que nada, absolutamente nada, tengo que ver contigo, Roberto.

—Si yo te creo, ya sé que no somos ni parecidos. Sin embargo encuentro de vez en cuando, bueno, al menos eso me parece, que algún personaje no es de mi círculo, sino más bien del tuyo.

—Debes entender que en ocasiones mis propias vivencias, suelen mezclarse con las tuyas, pero solo para establecer una sintonía con la realidad, y darle un matiz más creíble al dotarlo de momentos vividos por mí.

—¿Entonces algunas cosas son reales? ¿ No son fruto de la ficción?.

—Desde luego.

—Vaya, vaya, con el autor. No sabía yo que hacías trampas.

—No son trampas Roberto, solo apoyo a la ficción recreando algunas vivencias, y así la descriptiva es más creíble. ¿Seguimos?

—Claro.

—¿Es cierto que en aquella época eras un libertino y un crápula?

—Sí. Pero debo confesarte que solo era fruto de mi propio estilo de vida. Los compañeros, la peligrosidad diaria a la que nos enfrentamos los policías. Eso hace que algunos, como yo, descarten la idea de mantener una relación fija. Es algo así como si fuera a acabarse el mundo e intentaras disfrutar a tope los minutos que te quedan. ¿Quién sabe lo que podrá depararme mañana?. Pero nunca hice daño a ninguna mujer, puedo prometértelo.

—No te lo hubiera permitido.

—Me imagino. Lo que si me gusta es que me mantienes fiel a una marca de whisky y a un tipo de mujer.

—Disculpa Roberto, pero no me gustaría desentrañar totalmente tu vida, ten en cuenta que algunos de tus casos, aún no están publicados, y claro, si hablamos de ciertas cosas, sería tanto como descubrir la intriga que intento ocultar en ellos.

—No comprendo.

—Si hombre. Fundamentalmente son tres las líneas que sigo contigo. A saber, tu protagonismo como policía. Tu vida personal y tus amistades, principalmente Loli.

—¡Ah!, Loli. Tienes razón.

—Tampoco debemos olvidar a tus compañeros y… compañeras. ¿Olvidas a Esperanza?

—La verdad es que no.

—Volvamos a nuestros primeros doce casos.

—Como quieras.

—¿Cuál de ellos te pareció más importante?

—Todos, son divertidos. Bueno, quiero decir, interesantes. Pero indudablemente el que más impacto me ocasionó fue Fantasmas, si no recuerdo mal, el noveno caso.

—Es cierto a mí también me impactó. Pero fue una historia que tenía muchas ganas de contar.

—La verdad, Anxo, podrías haber dejado esa historia para otra de tus novelas o relatos cortos.

—¿Y tú como sabes que escribo otro tipo de narraciones?

—Pareces tonto. ¿Qué crees hacemos algunos personajes cuando cierras el ordenador? Allí estamos, en el disco duro, en esas carpetas diferenciadas, y a veces, comentamos las aventuras pasando de una novela a otra. La verdad, disfruto bastante. Aunque debo preguntarte algo.

—Adelante.

—¿Quién es Ella? La pones en las dedicatorias de todas tus novelas.

—No voy a responder a eso. Lo siento. Todos los amigos que me leen lo preguntan, pero si son amigos, deberían conocer mi presente, pero sobre todo mi pasado, y entonces la pregunta solo tiene una respuesta.

—Pero, yo desconozco tu pasado. Por eso pregunto directamente.

—Discúlpame, pero como soy el autor, seguiremos con lo importante, y ahora eres tú, y no yo.

—Está bien, veo que te he molestado. Disculpa.

—No me has molestado.

—Bien, ¿qué más quieres saber?

—¿Aun llevas las marcas en la muñeca que te hicieron en el caso El Siguiente?

—Naturalmente, son imborrables. Que se le va a hacer. Pero, no has vuelto a hablar de ellas.

—De momento no, por eso te pregunto. Cuando estés dispuesto para la siguiente aventura, veré si tengo oportunidad de incluir las marcas.

—Como quieras.

—Oye, te importa que lo dejemos por hoy.

—No, ni mucho menos. Además quiero invitar a cenar a Celia y se está haciendo algo tarde.

— ¡Que suerte tienes!

— ¿A qué te refieres?

— A Celia, pero ya hablaremos de ella más adelante.

—Claro.

—¿Hasta mañana?

—No lo sé, te avisaré.

—¿Cómo?

— Abriré el original del último caso de Doce Casos en Madrid. Lo sabrás.

— De acuerdo.

— Ten cuidado, voy a apagar el ordenado

— Lo tendré.

© Anxo do Rego. Todos los derechos reservados

Un homenaje a SUSA

Me permito publicar este articulo como homenaje al día en que tuve la suerte de conocer a Susa.

Mi trabajo como escritor es desde hace años, una válvula de escape. Tal vez algo introducido en una olla a presión. Quizás algo intangible que sujeta día tras día la miríada de ideas que tropiezan y luchan por salir al exterior desde mi cerebro, para convertirse en alguna historia. Y ese esfuerzo no hace otra cosa que ilusionarme, ocupar el tiempo obligándome a trabajar para seguir viviendo.Hoy  diría que me faltan horas para escribir los proyectos cuyos bocetos o guiones, se mantienen expectantes, como yo, para comprobar quien sale antes a la luz .

Tal vez la situación sea un acicate más a mi labor diaria, pero no por ello ceso y desde luego me convierto en un ser exigente a la hora de acabar lo empezado. Sólo en una ocasión mi espíritu se cerró y negó a continuar escribiendo una novela. Todavía hoy la mantengo inconclusa, aunque me he prometido continuarla, precisamente como homenaje a Susa, que me recomendó escribirla. Como todo, también tiene su historia.

Durante una etapa de mi vida estuve viviendo en la Imperial ciudad de Toledo, a tan solo 70 kilómetros de Madrid donde vivía una mujer a quien amé mucho, Susa. En ese tiempo trabaja en dos novelas, una recopilación de cuentos inconexos y “Así de Simple” desarrollando la idea proporcionada precisamente por Susa.

Un 19 de Octubre sentí un profundo dolor que atravesó todo mi ser. Susa abandonó este mundo sin avisarme. Con ella se fue mi cariño, ilusión de un futuro juntos, todo mi deseo y esfuerzo. Dejé de escribir. Me dediqué a pasear, viajar a Madrid para recorrer los rincones y lugares donde estuvimos juntos. Mi tristeza llegó a tal situación que aquellos días mis ojos no acertaban a contener lágrimas. Hoy solo recordarla me produce la misma angustia y dolor insoportable.

En ocasiones me surge la duda de reflejar o no mis sentimientos, pienso que pueden confundirse o tal vez dar una impresión equivocada, pero es que necesito dejar espacio libre a eso que llamamos corazón pues lo lleno con frecuencia ahora que no estoy a su lado y los recuerdos inundan mi espíritu hasta canalizarlos a esa caja o cámara especial, donde puedo mantener vivos cada instante vivido con ella.

Entonces era tan feliz a su lado como para retirar mentalmente las manillas de los relojes intentando que el tiempo no corriera, se paralizara al estar juntos.

Entiendo a quienes por circunstancias similares les falta la persona amada, como muchos se sienten obligados a ponerse en manos de un especialista de la mente para que les ayude a superar el trauma sufrido. Personalmente no acudí a psicoanalista alguno, seguí autocompadeciéndome, imaginando, recordando, únicamente dejé de escribir tratando de responder a una pregunta ¿ Ahora quien leerá, corregirá y criticará mis narraciones? No pude responderme, solo deje de escribir.

Cada vez que intentaba retomar aquella novela, el desarrollo aparecía bloqueado, los personajes se negaban a seguir viviendo, eran como una imagen fija sin movimiento, una especie de respetuoso y silencioso homenaje a Susa, artífice de la obra. Todo mi mundo y el ilusionante futuro imaginado con y por ella, se apareció oscuro y gris, por lo que decidí dejarla y continuarla mas adelante. Supongo que ha llegado ese día.

Intenté redimirme y superarme con los recuerdos de otras personas a quienes amé, pero hacerlo fue sin duda peor, y hoy no deseo contaros esa historia.

Decía al principio de este articulo: Mi trabajo como escritor… pues eso, lo he continuado y como Susa me recomendó en su día, sigo presentándome a Concursos y Premios Literarios que solicitan obras o narraciones que abordo y me gusta escribir. Y como me señaló en su momento, concursa, date a conocer, deben saber que existes. Lo intento, aunque me ocupo de otras cuestiones.

Hace tiempo lei “La Chica de sus sueños”, de mi admirada escritora Donna Leon, afincada en Venecia. Decía uno de sus personajes: El recuerdo de su sonrisa me basta para hacer bailar las estrellas en el firmamento. Desde entonces no ceso de mirarlo cada noche y a veces, hasta consigo ver a Susa sonreir antes de que las estrellas comiencen a bailar en su honor.

© Anxo do Rego.

Valentía

 

ejercito

Según el R.A.E valentía tiene las siguientes cinco acepciones: 1.  Cualidad de valiente2. f. Hecho o hazaña heroica ejecutada con valor3. f. Expresión arrogante o jactancia de las acciones de valor y esfuerzo4. f. Acción material o inmaterial esforzada y vigorosa que parece exceder a las fuerzas naturales5. f. Sitio público de Madrid y de otros pueblos de Castilla, donde antiguamente se vendían zapatos viejosaderezados y compuestos que se llamaban de la valentía.

Prensa y radio, canales de televisión lo desconozco ya que no la uso,  reflejan un hecho que hoy vuelve a tomar conciencia.

Titulares de prensa:

“Un grupo de 181 militares retirados firman un manifiesto en defensa de Franco: “Su figura ha sido vilipendiada hasta el extremo”

“Entre los firmantes, en su mayoría altos cargos del Ejército ya retirados, se encuentra un ex asesor del Jefe del Estado Mayor con el Gobierno del Partido Popular.

El Ministerio de Defensa ha abierto una investigación sobre los cinco militares en la reserva que firmaron un manifiesto que exalta a Franco

Al seguir sometidos a la disciplina castrense, se les podrían aplicar sanciones como una multa económica de ocho a quince días, un arresto de quince a treinta días o ser expulsados del Ejército

El régimen de las Fuerzas Armadas recoge como faltas graves y muy graves las expresiones contrarias al Estado e infringir la neutralidad política

Según se desprende de las informaciones, la gran mayoría del grupo de militares, 181, se encuentran jubilados y no están sometidos a la disciplina militar y consecuentemente al régimen por el que se consideraría falta grave.

Si llama la atención tal acción, pasados tantos años desde que esta España nuestra entró en el sistema democrático, lo hace mas aún que un ejercito de 120.000 unidades, disponga de mas de 250 puestos de generalato.(datos provisionales del Ministerio de Defensa correspondientes a 2013)

Ante esta situación, me planteo una reflexión dada la contundencia en firmar por parte de los militares un manifiesto a favor de Franco. Debo suponer que su ideología no se aparta de la implantada por el golpista y dictador. Por supuesto respeto la libertad de expresión de cada ciudadano, sin embargo existe un aspecto que me provoca desazón. A saber. ¿Todos estos militares firmantes del manifiesto lo habrían hecho de estar en situación de activos o en la reserva? Insisto, ¿ lo habrían firmado sabedores de la sanción que establecen las normas? Lo dudo. Creo sin embargo que su valentía y prestigio aparecen menoscabados. Suele decirse que ven los toros desde la barrera, o, a buenas horas mangas verdes.

En la escala militar se les supone valentía, desde el primero de los soldados hasta el o los mas altos jefes y generales. Claro que esta es inversamente proporcional al rango que ocupan. De acuerdo que deben existir escalas, como también la razón de dar ejemplo, sobre todo de valentía, para eso eligieron la carrera castrense. Personalmente nunca estuve en un contienda y sí visto ejemplos,  y jamás llegué a ver a un oficial, jefe o general en primera línea. Entiendo que para eso están “los valientes soldados” que deben obedecer órdenes.

La valentía ya no es lo que era.

 

 

UNA TARDE DE SABADO

El 23 de Noviembre hará 19 años que falleció mi Madre. Como a todo ser humano que se precie, los sentimientos de tristeza, soledad y sobre todo orfandad, entre otros, surgen de manera espontánea y es en ese momento cuando una extraña nube invade mi espíritu de manera incontrolable.

Los buenos recuerdos, como si se tratara de una lucha final, intentan adueñarse de la mayoría de mis pensamientos. Tal vez sea una tentativa de ganar la partida a la añoranza y afincarme en lo verdaderamente importante, la relación materno filial.

Si durante la vida al lado de mi Madre se produjeron hechos, unos mas alegres que otros, los tristes desaparecen como por acto de magia quedando únicamente los buenos recuerdos que me hacen sonreir y volver a disfrutar rememorando la alegría de entonces. Sin embargo en ocasiones esos recuerdos se convierten en minúsculas gotas, amargas e incontrolables que resbalan de mis ojos.

Cada año cuando llega ese nefasto 23 de Noviembre, donde me encuentre la ofrendo un ramo de sus flores predilectas, en ese caso claveles, además de guardar unos minutos de recogimiento en su memoria mientras surge un maravillo recuerdo de mi infancia.

Vivíamos en un barrio obrero a las afueras de Madrid. Los formaban edificios de tres alturas, sin agua caliente ni otras delicadezas parecidas. En la cocina solo se utilizaba carbón y el baño se nos antojaba como un lujo solo alcanzable en las películas norteamericanas que veíamos. La Coma se llama el barrio, muy cerca de otro de chalets construido por presos políticos de la dictadura franquista, puestos a disposición de la gran constructora, que evitaré mencionar para eludir otro tipo de disquisiciones y tal vez conflictos aún hoy latentes. Ambos barrios situados al norte de Madrid, entre el que fuera pueblo de Fuencarral y las que denominábamos “tapias del Pardo”. Mirasierra, que así se llama todavía dicho barrio se distinguía de La Coma, porque aquellos eran solo de una altura y rodeados de amplios jardines.

Muchas tardes al salir del colegio y antes de ir a nuestras respectivas casas a merendar un trozo de pan con chocolate sin leche, o un pedazo de queso amarillo; del que graciosamente regalaron los norteamericanos en aplicación de ese estupendo Plan Marshall, que España alcanzó de puro rebote; junto a mis amigos y compañeros de juegos, caminábamos por una carretera denominada ‘de la Playa”, absurdo e inútil nombre; en direccion al pueblo de Fuencarral con el deseo de ver a los “trabajadores voluntarios” subir a los camiones, tras acabar sus inacabables jornadas laborables y regresar donde quisieran llevarlos. Nunca lo supe, aunque lo imaginé, pero a sus hogares con sus familias, lo dudo.

A veces con mis amigos Piqui, Tiani y Sangil, nos ocultábamos en una de las trincheras construidas durante la guerra civil, aun estables, para observar como al caer el sol, la explanada donde se encontraba situado el cartel anunciador de la construcción los chalets de Mirasierra, se llenaba de ampulosos “aigas” norteamericanos, bien de la base de ocupación, bien del hospital reservados para ellos. Tras aparcar y poco después, veíamos como se empañaban los cristales y comenzaba cierto movimiento acompasado. En una ocasión evitamos consumaran su relación, arrojando al coche cascotes de tierra desde la trinchera. Al día siguiente con la luz del día comprobábamos como en el suelo, algo que en entonces desconocíamos dada nuestra edad, hoy habríamos dicho que eran condones.

Mi educación, ademas de ser dirigida por mis padres, lo hacía espantosamente Don Pifo (Rafael), un cura ayudante del que fuera párroco y sacerdote del equipo Atlético de Madrid, que trataba de enseñarnos religión y latín, si bien se incrustaría como una espina una de las materias que peor llevé, “formación del espíritu nacional”, ensalzadora de las virtudes de los ganadores de la fratricida guerra. Nunca superé el aprobado raspado.

Tanto la vista de los obreros, los coches norteamericanos, como el resto de vivencias, se diluían al llegar el fin de semana. Cada sábado la familia al pleno, viajábamos en una “camioneta” que no autobús, al barrio de Cuatro Caminos. Nos llevaban a una sesión doble de cine a cualquiera de los existentes en la zona, Montija (el palacio de las pipas) Europa, Ástur, Cristal o Lido.

Era una sensación tan maravillosa acudir con mi familia al cine, que solo con cerrar los ojos me veo de la mano de mi madre, sonriente y hablador, comentandola escenas de una de las películas que acabábamos de ver, como si ella no la hubiera visto. Después caminábamos hasta uno de los muchos bares del barrio para tomar un bocadillo de calamares y un refresco de “trinaranjus”Al acabar y eliminar las migas de las bufandas; siempre recuerdo esos momentos en invierno; íbamos de nuevo camino de la “camioneta” para regresar a La Coma pasando por el barrio de Peñagrande. En ese trayecto corto nos parábamos en un kiosco de prensa para que nos compraran sendos tebeos; entonces no se llamaban cómics; mi hermano recibía “El Jabato” y yo “Diego Valor”, héroe que luchaba contra el Mekong de los viganes habitantes del lejano Venus. Al llegar a casa nos metiamos en la cama, por aquello del frio y falta de calefacción y esperar que llegara el domingo. Era otra fiesta, mi Padre se levantaba el primero, hacía unos picatostes o compraba churros y porras y desayunabamos. El resto del domingo lo ocupábamos en jugar en la explanada al balón y antes de las dos de la tarde regresar a casa para el momento de la comida, arroz con pollo que mi Madre que mi madre preparaba como cada domingo.

Aun hoy mantengo con cariño cada ejemplar coleccionado de Diego Valor,y mis recuerdos de aquellas tardes de sábado perduran, los vuelvo a revivir. Veo la sonrisa de satisfacción de mi Madre al ver a sus dos hijos deseosos de llegar a casa para leer los tebeos.

He tenido mucha suerte, una estupenda familia y una Madre maravillosa.

©  Anxo do Rego.

Teofagia y Enotismo

Cuando tienes pocos años, vives en un país sometido a las normas de un dictador que utilizó la fuerza para hacerse con el poder, que se apoyó en los miembros de una iglesia llamada católica, al parecer y según dicen, la única representante del dios verdadero, a quien sirvió y ayudó durante más de cuarenta años, a cambio de que santificaran y bendijeran el Golpe de Estado, llamándolo Cruzada de Liberación Nacional por la Gracia de Dios; fruto de más de un millón de muertos y una represión gigantesca, cuyos  crímenes están considerados de lesa humanidad; la imagen que tienes del país, como niño y joven, se convierten en algo incomprensible y difícil de entender y asumir.

Con el transcurso de los años, adviertes y tomas conciencia, que aquellas asignaturas obligatorias, religión y formación de espíritu nacional (formación política con la única visión de los vencedores en la guerra civil), fueron una estafa y un engaño que pusieron en los cimientos de mi educación, algo que, al construir cualquier cosa sobre ellos, se caería. Mentiras, solo mentiras presidian las manipulaciones de la verdad enfrentadas a una realidad distinta.

Como en toda dictadura, no existen opciones, solo se debe obedecer, cumplir con las exigencias no solo de los dirigentes, sino de aquellos que obtienen prebendas y forman parte de cuadros inferiores más cercanos al pueblo llano, el que sufre, al que subyugan.

Personalmente tuve suerte con mis padres, me educaron dentro de lo obligado de la época. Cumplí con las exigencias de ir todos los domingos y fiestas de guardar a misa, como obligaba el régimen dictatorial formado por el gobierno y la iglesia católica. Confesar mis pecados y comulgar, eso sí, con el estómago vacio, no fuera que su dios se enfadara conmigo. Hice la primera comunión, el proceso de confirmación y nunca dejé de besar la mano al cruzarme con sacerdote o cura. Nunca supe la razón de aquella obligación. Sin embargo llegó un momento en que mis padres me hablaron diciéndome: Hasta hoy hemos seguido y cumplido las normas y obligaciones que debíamos, a partir de este momento tú serás quien decidas sobre la conveniencia o no de seguir asistiendo a misa y todo lo que ello implica. Dejé de ir a misa, de confesar y comulgar, y le faltó muy poco para hacerme ateo. Fue entonces cuando surgen preguntas que mis padres no pueden responder. Debo acercarme a círculos donde mi arbitrio me lleve.

En aquel entonces todo eran obligaciones y ni un solo derecho. Cuando surgían dudas y formulaba preguntas, no siempre conseguía respuestas oportunas. Comencé a buscar libros donde aquellas tuvieran respuestas. Claro que tropecé con el sistema imperante que dominaba cuanto estaba a su alcance. No había más opciones que las permitidas, ni más libros que los publicados, es decir censurados sus contenidos. Ni siquiera podías confrontar tus ideas con las de otras gentes, seguía existiendo temor a ser detenido por algún policía camuflado del régimen.

Tuve la gran suerte de conocer a un hombre que fue vital para mí. Doctor en Medicina y Psiquiatría, hombre de fuerte carácter. Comandante del ejército republicano, a quien tras la contienda fratricida, represaliaron no permitiéndole ejercer sus conocimientos. No mató a nadie en la guerra, al contrario únicamente salvó vidas.

Durante los veranos, mi familia se trasladaba por vacaciones, a una población costera en Murcia, y fue allí donde le conocí. Con él descubrí el significado quid pro quo. Yo le suministraba a escondidas una botella de whisky, y él respondía a cuantas dudas y preguntas surgían en mi recién nacida juventud.

Sus relatos eran breves, concisos, llenos de sabiduría y detallado conocimiento. En ninguna de sus palabras encontré rencor, aunque tampoco conformismo. Fue un hombre de lucha constante, creador de nuevos horizontes y un estupendo amigo capaz de transmitir tranquilidad y fervor para mis futuras situaciones.

Por fin fui capaz de entender que los religiosos, esas gentes que dicen conocer los deseos de Dios para con cada individuo, no son buenas personas. Se proveen de buenas palabras para crear miedos y temores en quienes los escuchan para posteriormente añadir, si las cosas salen mal, que dios lo quiere así, y debes admitirlo. Ponen a su dios por testigo de cuanto dicen hacer en su nombre e interpretan, sin conocerlos, cuantos problemas surgen al ciudadano de a pie que van a su encuentro.

Supe por primera vez el significado de TEOFAGIA (práctica de comer el cuerpo de un dios) concepto asumido por los constructores y diseñadores de la Iglesia Católica, de la religión Mitraista, mantenida en el Imperio Romano desde el siglo I al V de nuestra era. Pese a que no le concedió un estatus oficial, fue de hecho la religión oficial hasta que el Emperador Constantino y siguientes reemplazaron el Mitraismo por el Cristianismo.

Desde entonces los cristianos asumieron sus características, a saber, una comida como sacrificio, carne y sangre de un toro, que otorgaba la salvación de quienes la tomaban, es decir, Teofagia. No solo en esto se fijan los cristianos y posteriormente los católicos, también toman prestado del Mitraismo los sacramentos. Demasiada similitud. Cuanta facilidad otorgan a los católicos al sustituir la comida sacrificial mistraista por la Cena del Señor o Comunión Católica para hacer durante la transición, que aquella se presente como el sacrificio de Jesucristo, para conocerla después como misa católica, es decir eucaristía.

Con éstos y otros datos, cuanto escuché siendo niño, de labios de aquellos sacerdotes, se revolvieron dándome arcadas. Sus mentiras, o medias verdades; como solían confesarnos muy de tarde en tarde, convirtiéndose según interpretaban a dios, en mentiras piadosas, solo obedecían a intentar ganar para su causa religiosa, a jóvenes incautos, incapaces, como yo, de discernir debidamente por desconocimiento, y caer en sus garras, para trabajar para esa élite que han sido siempre los religiosos.

Otro de los conceptos que sacudían mi interior juvenil, era ENOTISMO. Los relatos escuchados de aquel hombre sereno, bien en la playa, bien en una de las terrazas de la casa, me producían tal respeto, que en ocasiones me incapacitaba durante días para volver a preguntarle. En una ocasión se lo mencioné y como no pudo ser menos, no solo me invitó a seguir preguntando, sino que se ofreció a realizar un análisis serio de mi personalidad, dados sus conocimientos sobre la mente humana, y mis inquietudes.

Así, mientras él tomaba whisky, acompañado de un buen bocado de queso de oveja curado, yo quedaba embelesado de sus relatos.

Me comentó que la mayoría de romanos, incluidos los emperadores eran enotistas, es decir, aquellos que creen en la existencia de muchos dioses, pero tienen un enfoque sobre un dios en particular, considerándole supremo sobre el resto de dioses que forman la totalidad de dioses o panteón romano. El ejemplo era claro y sin ninguna duda. Dios del océano, Neptuno, aunque Júpiter era el dios supremo. Y así con el resto de dioses romanos, dios del amor, de la paz, de la guerra, de la fuerza, de la sabiduría etc.

Así pues, los cristianos y católicos absorben el paganismo romano y reemplazan el panteón de dioses, por los santos. Deciden situar a un santo que estará a cargo de alguna característica o categoría. Como los romanos tenían un dios específico para cada ciudad, la iglesia católica provee de santos patrones a las ciudades.

¿Dónde está la esencia de la religión cristiana o católica? llegué a preguntarle, y me respondió que sería tanto como retrotraernos al principio de la humanidad, y por ende, al de todas la religiones. Todas se han apoyado en otra previa y adaptada a la necesidad del momento para mantener las prebendas como intérpretes de las manifestaciones de dios.

Nunca ha sido bueno que el hombre se supeditara a las filosofías religiosas, se adocena y queda limitado su libre albedrío. Someterse a los mandamientos del dirigente religioso solo puede esperar manipulación y acercamiento al deseo único e individual, y nunca para el hombre a quien le han preparado y educado para temer a dios.

Entones, volví a preguntarle ¿todo cuanto escuché de los curas es..?, me interrumpió, ¿mentira?, no, todo no, pero la mayoría. La gran mayoría sí lo es. Al menos la católica es una construcción con antecedentes del paganismo, adaptadas para dulcificar y atraer a creyentes, sustituyendo el politeísmo con el monoteísmo, pero con idénticas, por copiadas, costumbres y características. Te comentaré otra historia, me señaló.

La ciudad de Roma era el centro de gobierno del imperio romano. Los emperadores vivían allí y el Emperador Constantino y sus sucesores, concedieron la supremacía del obispo romano, como papado, a quien dieron su apoyo como el supremo gobernante de la iglesia. De tal modo que la sede del gobernante del imperio romano y la sede de la religión se encontraran centrados en la misma ciudad. Hubo conflictos al resistirse a la idea de que hubiera un obispo romano supremo y fuera elevado a esa supremacía a través de la influencia de los emperadores. Sin embargo tras el colapso del imperio romano, los papas tomaron el título que había pertenecido a los emperadores, Pontificus Maximus.

Debes tener en cuenta que la iglesia católica niega con rotundidad el origen pagano de sus creencias y prácticas. Las disfraza bajo capas de complicada teología. Niega su origen pagano tras una máscara, la de la tradición eclesiástica, ajenas a la Biblia. Así pues la iglesia católica es un trágico compromiso del cristianismo con las religiones paganas que la rodeaban. Era menor el esfuerzo y el tiempo que debían emplear en intentar convertir a los paganos. Hace algo más práctico, cristianizar las religiones paganas y paganizar el cristianismo. Mezcla las diferencias y borra las características distintivas, para hacerse atractiva a la gente del imperio romano. Nace durante el imperio con capital en Roma y así se convierte en la religión suprema en el mundo romano durante siglos. Del mismo modo, no admiten que el resultado fue la más dominante forma de apostasía del cristianismo, olvidando el evangelio como proclamación de la palabra de dios. Y añado mi opinión personal, no creo que su dios tenga nada que ver con lo hecho en el pasado, el presente y el futuro, es obra únicamente de sus dirigentes, que han construido desde aquella época la primera multinacional del mundo. Han controlado la cultura, a los dirigentes, reyes y mandatarios de todo tipo, que apoyándose en ellos, han dominado y subyugado a los hombres. Cometiendo crímenes en nombre de dios para obtener propiedades y bienes. Tienes el ejemplo más cercano, el del dictador en España.

Me quedé anonadado. Muchos días me costó entender todo aquello. Pero entonces surge de manera directa una pregunta simple. ¿Entonces usted es ateo, no cree en dios? le pregunté. Aquel día me respondió que la semana siguiente comentaríamos el concepto agnosticismo.

Días después seguimos con mis preguntas y sus respuestas. Escucha, me dijo, soy agnóstico. Personalmente no creo ni niego la existencia de dios, o de dioses. En cuestiones intelectuales, sigo mi razón tan lejos como pueda llevarme, sin importarme ninguna otra consideración. No pretendo sean ciertas conclusiones, que o no han sido demostradas fehacientemente o simplemente no son demostrables. Así pues desconozco la existencia de dios y la posibilidad de conocerlo.

Dos semanas después y tras muchas horas de escuchar supe que me estaba convirtiendo en agnóstico. Un joven a quien aquel hombre tras revisar mi intelecto, me recetó algo que me ayudaría a ser melómano. Cuando un día me recibió en su casa de Madrid, me transmitió su deseo de hacerme un obsequio al finalizar al estudio sobre mi intelecto. Un paquete fino y envuelto en papel marrón, me reservaba un disco de vinilo. La obra grabada, la quinta sinfonía de Ludwig van Beethoven. Me dijo, debes escucharla al menos una vez por semana, te ayudará. Lo hice durante meses y en más de una ocasión semanal.

El día que escuché en vivo esa sinfonía, recordé con cariño las horas y días que pasé a su lado y descubrí algunos conceptos que nadie, salvo él, supo aclararme.

© Anxo do Rego. Todos los derechos reservados.

 

En busca de mi tiempo perdido

Cuando me surgen ideas sobre una narración, normalmente pongo en funcionamiento la maquinaria para desarrollar una novela o un relato amplio. Suelo esbozar un guión, preparar los personajes e iniciar el proceso de documentación, para mas tarde buscar un hueco en mis ocupaciones para escribir la historia. Aunque no siempre sucede así, pues se quedan colgadas debido a circunstancias que no puedo controlar.

Hace tiempo una amiga, Mary de Sojo, con amplio conocimiento y profesionalidad en el marketing sobre escritores, me dijo la importancia que tiene darse a conocer, para lo que debía utilizar los medios a mi alcance, redes sociales, comunicaciones, blog, certamenes literarios, concursos, presentaciones etc. Mi respuesta a su recomendación fue: no tengo tiempo.

Hace bastantes años que escribo, me gusta y divierte, lo hago por puro placer sin considerar aspectos como el primordial, publicar mis novelas, por aquello de “escribir para que te lean”. Algunas en efecto ya lo han sido si bien no con editoriales que se ocuparan en potenciarlas, darlas a conocer. No me importaba. Desde que accedí a formar parte del equipo que dirige la editorial Ediciones PG, no advertí la satisfacción que significa ver el trabajo creativo realizado y expuesto en librerías invitando a ser leídas. Sin embargo precisamente por ocuparme de actividades en la editorial, he limitado mi tiempo y cercenada la ocasión de publicar mis obras, al dar prioridad a los autores que esperan y confían en la editorial para ver editadas sus creaciones.

Así pues, salvando mi timidez y siguiendo el consejo de Mary de Sojo así como de varios amigos más, he decidido este mes de Agosto dedicar parte de mi tiempo en retomar los trabajos narrativos pendientes, revisar aquellas obras que merecen ver la luz, e intentar que las evalúen y tal vez publiquen.

Eso espero, nunca es tarde.

 

 

Sustraerme sí, pero sin estupideces.

A veces, y no quiero caer en la costumbre, siento deseos incontrolables de sustraerme. Quizás sea por el cansancio,  tal vez por las mínimas ganas de seguir abordando algún que otro problema, a lo mejor para desatender por unos instantes lo cotidiano. La verdad, todavía no lo analicé con suficiente detalle.

Cuando llega ese momento, la mayoría de ocasiones leo algún título pendiente, reviso alguna de mis novelas por publicar, o simplemente presto más atención a los originales que llegan para la editorial. En otras me dejo atraer por la atractiva televisión. Con el mando a distancia me apoltrono en mi sillón preferido y a la vista de los antecedentes, pulso una y otra vez la lista de canales que me ofrece una conocida plataforma.

Descubro películas; que ya han pasado mil y una vez por diferentes cadenas, series policíacas repetidas hasta la saciedad temporada tras temporada y desde hace mas de quince años, programas de viajes, cocina y un repaso exclusivo a las cadenas autonómicas, dedicadas por completo a quien sabe que costumbres o políticas, ciertamente tribales.

Lo que no alcanzo a comprender, es como numerosos canales se dedican por completo a exponernos la bazofia yanqui. Deben ser obligarlos a comprarla por parte de los distribuidores, de lo contrario no tiene explicación. Pondré algunos ejemplos, pese a que me ha costado verdadero esfuerzo perder minutos en ello.

¿A quien puede interesar como vive una persona con mas de 300 kilos? es lamentable, pero ahí está. Claro que le siguen otros tan o mas interesantes, a saber

  • La búsqueda de oro en USA
  • Como los veterinarios de USA realizan sus trabajos en mascotas.
  • El encantador de perros, hoy lamentablemente fallecido.
  • Como debe tratarse a un gato.
  • La puja por el contenido de trasteros.
  • Una familia vive en el Estado de Alaska.
  • Locos de los coches, americanos por supuesto.
  • La razón de ciertas féminas, normalmente que han superado la cuarentena, se ponen en manos de cirujanos plásticos para arreglar lo que otros han destrozado: labios, senos, nariz etc. y en su momento eligieron.
  • Como jóvenes de ambos sexos viajan juntos mientras “el amor sale a su encuentro”
  • Reparar tu casa ideal.
  • Construcción de casas sobre árboles.
  • Como roban en un “restaurante” los trabajadores contratados.
  • La gran cocina americana.
  • Como engullen hamburguesas y algo más los norteamericanos.

Y muchos más que no recuerdo. Y claro, me pregunto si no es suficiente con cortar las noticias propias de aquí en los telediarios para decirnos como se quema o inunda algún estado norteamericano, o como lamentablemente un ido se dedica a matar en algún instituto, o qué se yo actividades lúdicas norteamericanas, mientras olvidan las que forman parte de nuestra vida y círculos mas próximos, por ejemplo, Portugal, Francia y otros países de nuestro entorno, además de otras comunidades de nuestro Estado que también existen, mas allá de Madrid y Cataluña que parecen ser el núcleo de la actividad, que personalmente dudo y cada día son mas cansinas.

No puedo olvidar las cadenas privadas; una casposa prefiero no mencionarla; con una constante repetitiva de politiqueo manido, aburrido y cansino.

Eso sí todas pasan superficialmente por cualquier actividad cultural y si lo hacen, son meros titulares. En contadas ocasiones profundizan.

En fin, creo que a partir de ahora para sustraerme excluiré encender la televisión, lo prometo. Me dedicaré exclusivamente a leer, seguiré la filosofía marcada por el escritor francés Boris Vian cuando dijo: “En este libro todo es verdad porque yo lo inventé”

Feliz verano amigos.

© Anxo do Rego. 2018

 

¿Tiene usted buena hora?

Mi otro trabajo; me refiero al que me procura lo suficiente para seguir escribiendo, es decir, viviendo; me obliga a viajar por la ciudad de Madrid y sus alrededores con una frecuencia diaria. Y claro, dada la situación por la que atraviesa el país en su conjunto, suelo realizarlo en transporte público. De esa forma sigo las recomendaciones dadas por algunos ministros del gobierno – no deseo entrar en disquisiciones- La verdad, el ahorro es considerable.
Pero ya es suficiente,  entraré en materia. Son muchos los trayectos que realizo en el metro, a veces con distancias importantes y tiempo suficiente como para no perderlo escuchando conversaciones ajenas, o interpretaciones musicales con los consabidos acordeones en manos de ciudadanos de Rumania – por cierto dañan a cualquier oído que se precie – Bien. Pues desde hace una temporada he podido constatar algo que ha llamado poderosamente mi atención. Se trata de algo esencial en el comportamiento ciudadano: el respeto hacia los demás viajeros. No suelen practicarlo. Y no lo hacen en dos vertientes.
Una: Toman los vagones del metro como salas de ensayo. Suelen reunirse mas de seis músicos con sus correspondiente instrumentos raídos y sucios, y pese a no estar autorizado interpretar canciones o piezas musicales dentro de los vagones, hacen caso omiso y durante el trayecto, y hasta llegar a una estación situada en el centro de la ciudad, donde actuarán durante horas, se mantienen interpretando, con mas entusiasmo que acierto, cualquiera de las del top de hace mas de tres décadas.
En ocasiones he comprobado como algún viajero, molesto, les han pedido con educación, el cese de esa actividad profesional  sin que por supuesto aceptaran dejarlo. Y claro, en esas ocasiones, quienes aparentemente velan por el cumplimiento de las normas en el suburbano, no están visibles para solicitar su ayuda. Tal vez se ven abocados a salir a la superficie para exhalar el humo de un cigarrillo. Pero esa es otra historia. Y los cansados viajeros, o clientes como ahora se nos denomina, optamos por abandonar el vagón con el fin de no sufrir mas o entrar en discusiones que tal vez acabarían mal.
La otra, la segunda vertiente es: A los ciudadanos rumanos les gusta hablar a gritos. Sí. También lo he constatado. ¿Qué como lo se? Muy fácil. Vivo en un barrio a cuatro estaciones de metro de un núcleo donde ellos residen y los veo cada día. Es curioso su comportamiento. Si viajan juntas dos personas, no supongan que se sientan una al lado de la otra. ¡No!, lo hacen separados, en diferentes grupos de asientos. Si posible separados por una importante distancia. Pero aquí no acaba la cuestión, comienza. Se ponen a hablar y al estar distanciados, no tienen más remedio que elevar el tono de voz para hacerse oír, máxime si el ruido del convoy aumenta en algunos túneles. Conclusión, los únicos que vocean y se les oye en la distancia, es a ellos.
Tanto unos como otros, son molestos. ¿Qué hemos de convivir? Naturalmente. ¿Qué alguien debería decirles que eso no es un comportamiento adecuado? También. ¿pero quien? Personalmente opto por salirme del vagón, y si el tiempo me lo permite, espero a otro convoy. Fundamentalmente porque me gusta ir leyendo y aunque no es lugar para concentrarme, ellos desde luego no me lo facilitan.
Hace dos días, pese a soportar su música imposible, me mantuve leyendo con esfuerzo hasta que un viajero me pregunto: ¿Tiene usted buena hora?.Le respondí: La mejor, la de salir a la superficie y huir de este castigo. Disculpe son las nueve y media de la mañana.
Pero claro, todo esto es mi visión personal.
© Anxo do Rego- 

El Aniversario

Hoy es 11 de Enero y es el aniversario. Es la fecha que mas me gusta del calendario. No me importa que haga frío, viento o lluvia. Tampoco tener un ojo irritado, como consecuencia de un aire provocador de una importante conjuntivitis. O un fuerte dolor del menisco de mi rodilla derecha.

Hoy es 11 de Enero y es el aniversario. Me repito. Lo se, y por ello me disculpo. No debería insistir, pero es cierto, hoy es un día especial. Más que especial, es, el único día. Y lo es por un hecho memorable: Conocí a Susana. ¿Qué quien es Susana? ¿Queréis que os responda ahora? ¿o podéis esperar a que os cuente como sucedió?. ¡De acuerdo! Esperáis. Me alegro.

Todo se inició con una reunión de trabajo. Por aquellas fechas representaba en Madrid a una importante empresa fabricante de instrumentos de control y análisis. Días antes me había citado con uno de los responsables de una sociedad. Le mostré las virtudes de un sistema, y antes de decidirse a comprar, quiso ver una demostración en uno de sus establecimientos en Sevilla. Acudí con el equipo. Me recogieron en la estación del AVE. Arrastré la maleta donde llevaba la instrumentación y junto al principal de la empresa, caminamos hasta el aparcamiento.

El día era esplendido, luminoso, radiante, lo comprobé inmediatamente. Supe en ese preciso instante, que algo iba a sucederme. Una alegría interna luchaba por salir. Un increíble nerviosismo recorrió todo mi cuerpo, como si barruntara el maravilloso momento que me proponía vivir.

Cuando llegamos donde estaba el coche, la vi. Vi a Susana. No acerté a decir palabra, solo asentí las pronunciadas por ella. Luego superé el trance y me dispuse a realizar el ensayo con su presencia, bajo su atenta mirada. Supongo que no fue la mejor de mis presentaciones. Anduve asustado, intranquilo y sobre todo nervioso. Al acabar, el gerente nos invitó al almuerzo.

No se si pudo disfrutar de su comida, yo desde luego no. Solo tenía ojos para ella. Cada gesto, palabra y movimiento, los seguí sin perder detalle. Ese fue mi único almuerzo. Tuve la sensación de no estar en este mundo y si pertenecer al de los sueños imposibles. Sin embargo alguien debió escuchar mis predicamentos, silenciosos, ocultos, y con solo un  deseo: Que no viviera en Sevilla, sino en Madrid.  Y así fue. Cupo pues la posibilidad de volver a verla. Como sucedió días después.

Aquel día, luché en silencio porque la petición de su principal, no se cumpliera. No era otra que volver a Madrid con él en el coche, y lo hiciera en el mismo tren que yo. Pero no tuve suerte y resolvió quedarse allí, para resolver ciertos detalles de su empresa.

En un momento de la reunión, logré que aceptara la entrega de un estudio hecho sobre una materia de importancia y obtuve su dirección y teléfono. En ese momento levanté mis ojos al cielo y exclame silenciosamente, aunque con todas mis fuerzas: ¡gracias!

Aquella noche puedo aseguraros que no pude dormir. Cada vez que mis ojos intentaban cerrarse, de manera incomprensible aparecía su sonrisa. O escuchaba mi nombre en sus labios, requiriendo la respuesta a un interrogante surgido durante la prueba.

Al acabar, ella se marchó con el gerente de la firma y yo me recluí en la barra de un conocido hotel de Sevilla. Tomé dos gintonic. Esperé por escuchar si cambiaba de opinión  y regresaba conmigo a Madrid. Pero al final solo esperé la hora prevista para la salida del AVE.

Durante larguísimas jornadas, apenas tuve descanso. Necesitaba volver a ver a Susana. Se había metido dentro de mí. Era imprescindible para mi pervivencia. ¿Queréis creer que soporté una semana sin llamarla? ¡Pues si!, lo hice. Solo llegué a marcar su número mas de veinte veces al día, aunque el ultimo de los dígitos lo dejaba sin pulsar, por temor a molestarla.

Por fin hablamos. ¡Que alegría! Al escuchar su cita para días después. En mi casa si no te importa -me dijo- Trabajo en casa – añadió. Acepté. Lo habría hecho de cualquier forma, a cualquier hora, en cualquier lugar. Hubiera sido capaz de acudir a la cita de haberla concertado en el Cabo Norte. Aquel fecha fue como abrir una puerta quejumbrosa, abandonada, y olvidada con goznes oxidados. Y no solo por volver a verla, sino por lo que para mi significaba y representaba: El  inicio de nuestra posterior relación.

Verla, estar a su lado, caminar juntos, disfrutar de una bebida, una conversación, una canción, o una merienda, era el equivalente a transmigrar mi espíritu al de la persona más feliz de toda la humanidad.

Hoy es 11 de Enero  y es el aniversario. Ahora cuando miro hacia atrás, cuando me veo a su lado, solo tengo sonrisas, palabras cariñosas y agradecidas. Supo extraerme todo el cariño que me quedaba y guardaba. Quiso; y así me lo dijo en numerosas ocasiones; ser artífice de mi felicidad. Y yo el tuyo –respondía-  Creo que durante un tiempo lo conseguimos.

Pero la suerte no fue nuestra aliada. La maldita parca echó sobre ella su manto negro y dejó mi vida del mismo color. Claro que cuando llega el 11 de cada mes, y el 8, y el 20. En realidad todos, hasta el último, me siento feliz. Como ella quería. Aunque hoy, al ser el aniversario de cuando la conocí, de cuando inicié otra vida, no tengo por menos que dejar escapar una lagrima y a continuación una palabra:

SUSANA. En mi diccionario personal es sinónimo de felicidad y alegría.

© Anxo do Rego.