En busca de mi tiempo perdido

Cuando me surgen ideas sobre una narración, normalmente pongo en funcionamiento la maquinaria para desarrollar una novela o un relato amplio. Suelo esbozar un guión, preparar los personajes e iniciar el proceso de documentación, para mas tarde buscar un hueco en mis ocupaciones para escribir la historia. Aunque no siempre sucede así, pues se quedan colgadas debido a circunstancias que no puedo controlar.

Hace tiempo una amiga, Mary de Sojo, con amplio conocimiento y profesionalidad en el marketing sobre escritores, me dijo la importancia que tiene darse a conocer, para lo que debía utilizar los medios a mi alcance, redes sociales, comunicaciones, blog, certamenes literarios, concursos, presentaciones etc. Mi respuesta a su recomendación fue: no tengo tiempo.

Hace bastantes años que escribo, me gusta y divierte, lo hago por puro placer sin considerar aspectos como el primordial, publicar mis novelas, por aquello de “escribir para que te lean”. Algunas en efecto ya lo han sido si bien no con editoriales que se ocuparan en potenciarlas, darlas a conocer. No me importaba. Desde que accedí a formar parte del equipo que dirige la editorial Ediciones PG, no advertí la satisfacción que significa ver el trabajo creativo realizado y expuesto en librerías invitando a ser leídas. Sin embargo precisamente por ocuparme de actividades en la editorial, he limitado mi tiempo y cercenada la ocasión de publicar mis obras, al dar prioridad a los autores que esperan y confían en la editorial para ver editadas sus creaciones.

Así pues, salvando mi timidez y siguiendo el consejo de Mary de Sojo así como de varios amigos más, he decidido este mes de Agosto dedicar parte de mi tiempo en retomar los trabajos narrativos pendientes, revisar aquellas obras que merecen ver la luz, e intentar que las evalúen y tal vez publiquen.

Eso espero, nunca es tarde.

 

 

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Strabo

Año 2035. Un mundo dominado por las multinacionales con importantes avances tecnológicos ha sobrepasado los límites de conservación del medio ambiente. Las mínimas áreas de masas forestales están controladas por los gobiernos. Pese a ello existe una élite con alta capacidad económica que pese a las prohibiciones, encarga y adquiere mobiliario de madera y utiliza celulosa para fabricar papel y consecuentemente libros. Las ciudades se han convertido en megalópolis absorbiendo a las poblaciones cercanas. Los Estados se han asociado para soportar los incontables gastos económicos que la población exige.

Vínan Berte, es un coleccionista de libros de papel. En sus manos cae uno bajo el título “Strabo” y poco tiempo después desaparece de su domicilio sin dejar nota alguna. Su hermano Buom, incapacitado para realizar su búsqueda, pide ayuda al que fuera amigo y compañero en la facultad de Documentología, Cárdel Sertio.

Le ayuda en la investigación Brigan Tia, una mujer joven, ingeniera en tecnología de información y comunicación OX, con quien viaje a la antigua ciudad de Toledo. Descubren que STRABO,  compilación preparada y dirigida por DAGDA DRUS. Edición única compuesta por sesenta y seis ejemplares, impresos sobre masa especial por el artesano DERTE ECLAN en Nuevo Madrid, con domicilio en la vivienda número 2455768 del área local 47. Está compuesto por 252 páginas y su tamaño es de 235×285 mm.

Las acontecimientos se concatenan y ambos investigadores se ven en el centro de una lucha sin precedentes de grupos antagonistas. Por un lado las empresas multinacionales y frente a ellas un grupo que desea mantener vivos cuanto representa el trískel celta: La trilogía fusiona los tres elementos fundamentales: Aire, Tierra y Agua, los tres componentes del ser: Cuerpo Alma y Espíritu, y las tres dimensiones: Alto, Largo y Ancho.

Un grito a la defensa del medio ambiente. Una lucha por la pervivencia y el significado de las costumbres celtas.

Una novela de aventuras que no deja impasible al lector.

Muy pronto publicada por Ediciones PG.

 

Sustraerme sí, pero sin estupideces.

A veces, y no quiero caer en la costumbre, siento deseos incontrolables de sustraerme. Quizás sea por el cansancio,  tal vez por las mínimas ganas de seguir abordando algún que otro problema, a lo mejor para desatender por unos instantes lo cotidiano. La verdad, todavía no lo analicé con suficiente detalle.

Cuando llega ese momento, la mayoría de ocasiones leo algún título pendiente, reviso alguna de mis novelas por publicar, o simplemente presto más atención a los originales que llegan para la editorial. En otras me dejo atraer por la atractiva televisión. Con el mando a distancia me apoltrono en mi sillón preferido y a la vista de los antecedentes, pulso una y otra vez la lista de canales que me ofrece una conocida plataforma.

Descubro películas; que ya han pasado mil y una vez por diferentes cadenas, series policíacas repetidas hasta la saciedad temporada tras temporada y desde hace mas de quince años, programas de viajes, cocina y un repaso exclusivo a las cadenas autonómicas, dedicadas por completo a quien sabe que costumbres o políticas, ciertamente tribales.

Lo que no alcanzo a comprender, es como numerosos canales se dedican por completo a exponernos la bazofia yanqui. Deben ser obligarlos a comprarla por parte de los distribuidores, de lo contrario no tiene explicación. Pondré algunos ejemplos, pese a que me ha costado verdadero esfuerzo perder minutos en ello.

¿A quien puede interesar como vive una persona con mas de 300 kilos? es lamentable, pero ahí está. Claro que le siguen otros tan o mas interesantes, a saber

  • La búsqueda de oro en USA
  • Como los veterinarios de USA realizan sus trabajos en mascotas.
  • El encantador de perros, hoy lamentablemente fallecido.
  • Como debe tratarse a un gato.
  • La puja por el contenido de trasteros.
  • Una familia vive en el Estado de Alaska.
  • Locos de los coches, americanos por supuesto.
  • La razón de ciertas féminas, normalmente que han superado la cuarentena, se ponen en manos de cirujanos plásticos para arreglar lo que otros han destrozado: labios, senos, nariz etc. y en su momento eligieron.
  • Como jóvenes de ambos sexos viajan juntos mientras “el amor sale a su encuentro”
  • Reparar tu casa ideal.
  • Construcción de casas sobre árboles.
  • Como roban en un “restaurante” los trabajadores contratados.
  • La gran cocina americana.
  • Como engullen hamburguesas y algo más los norteamericanos.

Y muchos más que no recuerdo. Y claro, me pregunto si no es suficiente con cortar las noticias propias de aquí en los telediarios para decirnos como se quema o inunda algún estado norteamericano, o como lamentablemente un ido se dedica a matar en algún instituto, o qué se yo actividades lúdicas norteamericanas, mientras olvidan las que forman parte de nuestra vida y círculos mas próximos, por ejemplo, Portugal, Francia y otros países de nuestro entorno, además de otras comunidades de nuestro Estado que también existen, mas allá de Madrid y Cataluña que parecen ser el núcleo de la actividad, que personalmente dudo y cada día son mas cansinas.

No puedo olvidar las cadenas privadas; una casposa prefiero no mencionarla; con una constante repetitiva de politiqueo manido, aburrido y cansino.

Eso sí todas pasan superficialmente por cualquier actividad cultural y si lo hacen, son meros titulares. En contadas ocasiones profundizan.

En fin, creo que a partir de ahora para sustraerme excluiré encender la televisión, lo prometo. Me dedicaré exclusivamente a leer, seguiré la filosofía marcada por el escritor francés Boris Vian cuando dijo: “En este libro todo es verdad porque yo lo inventé”

Feliz verano amigos.

© Anxo do Rego. 2018

 

Nadando aguas residuales

Nadando en aguas residuales

17ª de la Serie Roberto HC

17ª

Roberto HC dirige la A.I.E. a la que se incoporaron algunos de sus ayudantes de la comisaría que dirigía como comisario.

Al sur de Madrid, cerca de la Caja Mágica en la estación depuradora “La China”, aparecen en días sucesivos dos cuerpos en uno de sus colectores. El primero pertenece a un perro con un collar de piel roja. El segundo de una mujer. De acuerdo con el protocolo, la información llega a manos de Roberto HC. Al parecer su muerte no obedece a un ahogamiento, alrededor de cuello aparecen huellas de haber sido estrangulada.

La investigación se llevará a cabo principalmente con ayuda de la Unidad de Subsuelo de la Policía Nacional, todo un entramado galerías y desagües. Según se desprende por el perfil que prepara la psicóloga criminalista Esther; antigua novia de Roberto, contratada recientemente por el subdirector de la A.I.E.

Una carrera contrarreloj para atrapar al asesino y evitar continúe asesinando.

Se pueden adquirir ejemplares en la LIBRERÍA PG.

Clave sangrienta

Clave Sangrienta

18ª de la Serie Roberto HC.

18ª

La desesperada caza de una asesino cruel e implacable.

Por ahora la última investigación realizada por Roberto HC. Desde su puesto como director de la A.I.E (Agencia de Investigaciones Especiales); ya reflejado en anteriores novelas; lleva a cabo  actividades ocultas como apoyo al resto de fuerzas de seguridad del Estado. Parte del equipo se incorporó desde su antigua comisaría.

Una serie de asesinatos se comenten en diferentes ciudades de España. Los cuerpos de mujeres aparecen sentadas y recostadas, sus piernas forman una “V”.  Al parecer han sido asesinadas con un elemento punzante que interviene su corazón. Bajo el seno derecho descubren pintado un espiral en cuyo centro aparecen unas siglas.

A cada muerte le sigue una nota del supuesto asesino dirigida a Roberto HC que es entregada en una comisaría de la ciudad donde aparece el cadáver.

Todo un reto para el policía y su equipo al que se incorpora desde la actividad privada, su antigua compañera Esperanza Miró como psicóloga criminalista. Roberto propone una fórmula para atrapar al supuesto asesino para desviar su atención, sin embargo la concatenación de hechos  provocará otros no previstos.

Muy pronto será publicada por Ediciones PG.

 

 

Los Vagones del miedo

Los vagones del miedo

2ª Novela de la Serie Roberto HC.

Roberto HC ha logrado su nombramiento como comisario y esta novela es la primera en la que afronta y dirige su equipo de ayudantes, encabezados por el inspector de homicidios Ignacio Dobles. Luis Pinillas inspector especialista en informática. Esperanza Miró, psicóloga criminalista.

En los vagones del Metro de Madrid, comienzan a aparecer viajeros asesinados. El asesino deja en los cuerpos una nota con una serie de números que deben descifrar intentando atraparlo. Para ello ponen en marcha un amplio dispositivo de vigilancia abarcando toda la red del transporte público suburbano. No obstante el o los asesinos continúan sembrando el pánico en la ciudad, concretamente en cada una de las lineas del Metro.

Puedes adquirirla en Librería PG 

 

Doce casos en Madrid

Doce Casos en Madrid.

Serie Roberto HC

Este volumen, inicialmente pensado como una serie de relatos concatenados y protagonizados por un policía diferente, Roberto Hernán Carrillo, conocido posteriormente como Roberto HC, fue el motivo de iniciar la serie teniéndole como protagonista de mis novelas del género policial y negro criminal.

Son relatos cortos que continúan en el tiempo y el espacio, aunque algunos de ellos se salen del género que mas tarde se vería inmerso el protagonista. No quise publicarla y aún menos fuera considerada como novela negra, ya que mi definición del género dista mucho de su contenido. Pese a ello, su lectura es entretenida y comienza a definir la personalidad tanto personal como de investigador de Roberto H.C.

Casos:

1º Incrédula – Unos extraños secuestros. 2º El Minutero – Unas muertes tienen un reloj como factor común. 3º Solo falta uno – Las obras de adaptación en el Palacio de Correos (actual sede del gobierno municipal de Madrid) deben suspenderse como consecuencia de la aparición de un trabajador comportándose de manera extraña. 4º En Blanco. Roberto HC inicia una investigación al descubrir en una lata de espárragos una nota manuscrita. 5ºLos ánades reales. Los cadáveres de dos ancianos aparecen en la ribera del Rio Manzanares. 6º El cuadro – Una antigua amiga de Roberto HC reclama su ayuda como policía al desaparecer un cuadro firmado por un importante pintor. 7ºEscapadas – Una perra que acostumbra a escaparse de su dueño, suelo aparecer mas tarde, y en una de sus reapariciones lleva sujeta en su boca la cartera con documentación de un hombre desaparecido hace tiempo. 8º Concurso de Rosas -En la Rosaleda de Madrid un concursante fallece en brazos de su hermana. Posteriormente comienzan a aparecer animales muertos y setos destrozados. 9º Fantasmas – Roberto HC vuelve de vacaciones y unos personajes le persiguen constantemente. 10ºPétalos y estrellas – Roberto HC se recupera de una herida en casa de su amante Loli, en sus paseos cotidianos observa ciertos comportamientos en locutorios y solicita investigarlos. 11º El siguiente – Un incidente reclama la investigación de Roberto, hechos que le llevan a contactar con el ejército para solucionarlo. 12º Esto duele bastante – Una serie de acontecimientos de diferente índole coinciden en la comisaria donde trabaja Roberto HC con un resultado sorprendente. (este relato, al más largo, fue el motivo de iniciar la serie)

Muy pronto estará a la venta en Librería PG.

 

¿Tiene usted buena hora?

Mi otro trabajo; me refiero al que me procura lo suficiente para seguir escribiendo, es decir, viviendo; me obliga a viajar por la ciudad de Madrid y sus alrededores con una frecuencia diaria. Y claro, dada la situación por la que atraviesa el país en su conjunto, suelo realizarlo en transporte público. De esa forma sigo las recomendaciones dadas por algunos ministros del gobierno – no deseo entrar en disquisiciones- La verdad, el ahorro es considerable.
Pero ya es suficiente,  entraré en materia. Son muchos los trayectos que realizo en el metro, a veces con distancias importantes y tiempo suficiente como para no perderlo escuchando conversaciones ajenas, o interpretaciones musicales con los consabidos acordeones en manos de ciudadanos de Rumania – por cierto dañan a cualquier oído que se precie – Bien. Pues desde hace una temporada he podido constatar algo que ha llamado poderosamente mi atención. Se trata de algo esencial en el comportamiento ciudadano: el respeto hacia los demás viajeros. No suelen practicarlo. Y no lo hacen en dos vertientes.
Una: Toman los vagones del metro como salas de ensayo. Suelen reunirse mas de seis músicos con sus correspondiente instrumentos raídos y sucios, y pese a no estar autorizado interpretar canciones o piezas musicales dentro de los vagones, hacen caso omiso y durante el trayecto, y hasta llegar a una estación situada en el centro de la ciudad, donde actuarán durante horas, se mantienen interpretando, con mas entusiasmo que acierto, cualquiera de las del top de hace mas de tres décadas.
En ocasiones he comprobado como algún viajero, molesto, les han pedido con educación, el cese de esa actividad profesional  sin que por supuesto aceptaran dejarlo. Y claro, en esas ocasiones, quienes aparentemente velan por el cumplimiento de las normas en el suburbano, no están visibles para solicitar su ayuda. Tal vez se ven abocados a salir a la superficie para exhalar el humo de un cigarrillo. Pero esa es otra historia. Y los cansados viajeros, o clientes como ahora se nos denomina, optamos por abandonar el vagón con el fin de no sufrir mas o entrar en discusiones que tal vez acabarían mal.
La otra, la segunda vertiente es: A los ciudadanos rumanos les gusta hablar a gritos. Sí. También lo he constatado. ¿Qué como lo se? Muy fácil. Vivo en un barrio a cuatro estaciones de metro de un núcleo donde ellos residen y los veo cada día. Es curioso su comportamiento. Si viajan juntas dos personas, no supongan que se sientan una al lado de la otra. ¡No!, lo hacen separados, en diferentes grupos de asientos. Si posible separados por una importante distancia. Pero aquí no acaba la cuestión, comienza. Se ponen a hablar y al estar distanciados, no tienen más remedio que elevar el tono de voz para hacerse oír, máxime si el ruido del convoy aumenta en algunos túneles. Conclusión, los únicos que vocean y se les oye en la distancia, es a ellos.
Tanto unos como otros, son molestos. ¿Qué hemos de convivir? Naturalmente. ¿Qué alguien debería decirles que eso no es un comportamiento adecuado? También. ¿pero quien? Personalmente opto por salirme del vagón, y si el tiempo me lo permite, espero a otro convoy. Fundamentalmente porque me gusta ir leyendo y aunque no es lugar para concentrarme, ellos desde luego no me lo facilitan.
Hace dos días, pese a soportar su música imposible, me mantuve leyendo con esfuerzo hasta que un viajero me pregunto: ¿Tiene usted buena hora?.Le respondí: La mejor, la de salir a la superficie y huir de este castigo. Disculpe son las nueve y media de la mañana.
Pero claro, todo esto es mi visión personal.
© Anxo do Rego- 

LA FLOR DE UN DIA GRIS

Es posible que sea un sueño. Tal vez, no lo puedo asegurar. Aunque lo verdaderamente importante, al menos eso creo, es que pueda contarlo y que transcurrido algún tiempo, un día no muy lejano, después de analizarlo y comprenderlo, tú y yo podamos referirnos a éstos hechos como un agradable recuerdo.

Debo dejar constancia de algo:  Vivo en un barrio situado al sur de Madrid.

Aquella mañana, como tantas otras, había salido de casa con la cartera llena de sanas intenciones, de documentos, impresos y folletos, y un largo etcétera de programas susceptibles de exponer desde mi ordenador portátil. Algo pesado, eso si. En realidad todo lo necesario para convencer a mis interlocutores cotidianos, de las excelencias del servicio y prestaciones de la instrumentación que ofrece la empresa que represento. Es lo único que hago y obligado por la necesidad de ganarme el sustento. Sin embargo al salir camino de la boca del metro, como hacia cada mañana, algo llamó mi atención pese a que aun no estaba suficientemente despierto -suelo tomar dos cafés antes de salir- La hora era la misma, pero no obstante la luz que me llegaba apenas iluminaba las calles.
Como casi siempre hago, miré al cielo para buscar el sol. Situé mis ojos hacia el este, por donde se eleva y no obstante la luz mortecina y gris, me decía que aun no parecía haber salido. Miré el reloj de muñeca y en efecto, marcaba las nueve menos cuarto de la mañana. Pese a ello, aun tuve dudas y comprobé la señalada en el teléfono móvil. Era la misma. No había nubes, aunque si una casi pegajosa y desacostumbrada cúpula gris cubriendo la ciudad.
Como mi primera cita era a las diez de la mañana, no tuve más remedio que obviar cuanto había observado. Bajé las escaleras, pasé el billete por el torno de acceso y esperé pacientemente a que llegara el convoy. El cartel anunciador de los convoyes señalaba constantemente: Último tren de esta jornada pasará por esta estación a las ……..,aquí se diluía en un constante fondo de color negro. No había duda, algo ocurría. El andén del suburbano no estaba como en ocasiones anteriores, repleto de gente esperando, como yo, al tren. Apenas veinte personas, y sí, algo extraño y singular rompía la situación diaria. Dos agentes uniformados en cada uno de los extremos del andén, caminaban hacia el centro, recriminando a los viajeros e invitándoles a recluirse muy cerca del punto donde me encontraba.
Cuando nos tuvieron juntos, comenzaron a solicitar abriéramos las carteras y bolsos que portábamos. Miraban con detenimiento el interior y ponían un gesto adusto, que traduje como consecuencia de no encontrar lo que aparentemente buscaban, y no nos dijeron. El tren llegó a escasos cuatro minutos, se abrieron las puertas y entré junto al resto de viajeros. No había sonrisas. Nadie leía, ni escuchaba música. No reían, ni hablaban. Solo miraban con temor a los dos agentes, que en cada extremo del vagón, nos observaban con recelo. De vez en cuando comprobé que ambos, cuando entraban nuevos viajeros, extraían de sus bolsillos un pequeño aparato, no mas grande que una cajetilla de tabaco, lo elevaban sobre sus cabezas y al acabar de dar un giro de trescientos sesenta grados, lo ponían frente a sus ojos y miraban con detenimiento. Desconocía su función.
Así me mantuve todo el tiempo que duró el trayecto. Había atravesado la ciudad de sur al oeste. Cuando salí a la superficie pensé que la extraña situación vivida, pudo deberse a mi falta de lucidez mañanera, o a estar medio dormido aun, pero no, la situación en ese punto de la ciudad era la misma. La campana grisácea y falta de luz eran quizás, mas pronunciadas y desastrosa. ¡Que falta de alegría! ¡Cuanta tristeza! ¿Qué sucedía?
No me detuve a analizar la situación. Tampoco me atreví a preguntar. La gente caminaba en silencio, temerosa. Los supuestos policías seguían parando a los ciudadanos exigiéndoles ver el contenido de maletas, bolsos, bolsas y maletines, así como cuantos objetos supuestamente pudiera ocultar algo que buscaban y desconocía. Caminé unos minutos por la avenida que frente a mi se ofrecía. Atravesé calles repletas de edificios, aunque todos carentes de vida, tan llenos de tristeza, que aligeré el paso, quería comprobar un espantoso detalle que comencé a imaginar. Llegué al parque y en efecto, no había flor alguna, tal vez fueron cortadas, o quizás esta primavera se presentaría distinta, gris como el día.
Tantas veces soñada, la temporada que se iniciaba tras acabar el invierno, ofrecía colorido y ganas de vivir, luz y renacimiento. Todos los años era igual. En realidad para mucha gente, muchos animales y desde luego para la mayoría de las plantas. Me permití pensar un momento en mí, en la situación por la que estaba atravesando. Me encontraba igual que el día, gris, adormecido, triste, sin horizonte. Me faltaba algo esencial para afrontar el resto de mi vida, cariño, afecto, y alegría de vivir. A partir de ese momento me convertí en un uno mas de los ciudadanos que me rodeaban, acepté inapelablemente la situación y seguí caminando hacia mi visita profesional.
Al acabar mi presentación laboral, el cliente visitado, un hombre de avanzada edad, me ofreció un café y ambos caminamos hacia una sala con una mesa circular y dos sillas. En un extremo una cafetera y servicio de tazas. Puso dos sobre la mesa y aprovechamos para charlar un instante sobre cuanto ocurría.
    La gente no es feliz, ese es el principal motivo de la situación. Ve el mundo gris y triste. Nada hay que lo impida. Bueno en realidad si. Esos vigilantes que señala, buscan la razón que cada cual tiene para encontrar la felicidad. El aparato que llevan mide el nivel de tristeza de cada individuo. Comprueban si continúan sin razón de vivir. Y si la encuentran, suelen retirarla. Los ciudadanos idealizan esa razón en algo tangible, pero la mayoría no lo sabe y de ahí, que la gran mayoría al no tenerla, se dejan caer en un mundo gris y triste. Ha dejado de luchar, carecen de fuerzas o son indolentes.
     ¿Entonces?
     Verá, yo no veo el mundo gris, ni triste.
     ¿Cómo?
     El mundo es como queremos verlo individualmente.
     No comprendo.
     Le explicaré.
     Personalmente tengo familia, amigos y gente a la que quiero y me quiere. Nunca estoy triste, soy feliz. Tengo cuanto podía soñar. Y cada mañana me asomo a la ventana y doy gracias de seguir viviendo así. La luz de sol baña mi sonrisa, y la ofrezco a mi compañera, mis hijos, mis amigos y a cuantos referencio con mi afecto.
     ¿Quiere decir que cada uno de nosotros somos culpables de ver el mundo así?
     Naturalmente. ¿Es usted feliz acaso?
     La verdad, creo que estuve a punto de serlo, pero se truncó. Desde ese día lo cierto es, que no me asombra ver el mundo gris, carente de belleza y todo cuanto la forma. Apenas tengo amigos, mi familia prácticamente no existe. Me limito a ..
     Sobrevivir, lo se. Levantarse y malvivir cada día ¿No es así?
   Eso es. Que me importa ya. Solo espero el día en que se acabe. No tengo horizonte y me limito a dejar pasar el tiempo. No hay aliciente alguno.
     Le comprendo. Pero algo debe hacer.
     Es posible, pero ¿Qué?
  Habrá algo que le guste. Algo que personifique sus ideales. Busque en sus recuerdos y encontrará algo. Posiblemente tendrá un elemento común en cada unos de sus momentos de felicidad. ¿Por qué habrá sido feliz en algún momento de su vida, no? Seguramente le ayudará.
     Lo fui desde luego. Pero, ¿está seguro que puede ser positivo?
     No solo lo creo, estoy convencido.
     Bien, gracias por el café y por su recomendación.
     Adiós.
Salí de allí, y pensativo, aunque el día seguía manteniéndose gris. Los agentes uniformados me registraron mas de una vez hasta llegar a casa a la hora de almorzar, y después de visitar antes a dos posibles clientes.
No almorcé y sí me puse a buscar entre todos mis recuerdos algo que fuera común en mis días felices, tal y como me dijo aquel hombre. Claro que, no se si lo encontraría. Aquella noche apenas dormí, los recuerdos se amontonaban. La lucha mental se ofrecía sin limites. ¿Merecía la pena hacerlo? ¿Daría el paso para lograr ser feliz de nuevo? ¿Tendría la suficiente fuerza? Al final, a punto de desistir, casi cuando amanecía, por la hora, no por la luz, vi en un rincón algo que parecía ser la solución.
Sonó el despertador e inicié la jornada. Desayuno, esta vez tomé dos tazas, fuertes, calientes y sabrosas. Necesitaba que me inculcaran fuerza. Ducha, rasurado y posterior anudado de corbata. Una que jamás me había puesto. Una nueva, distinta, diferente que quizás necesitaba como acicate.
La mañana no parecía tan gris como la anterior. Fije mi vista en el horizonte, al este y entre la niebla que cubría la ciudad, al menos ante mis ojos, creí ver un resplandor, tenue pero constante. La gente de mí alrededor seguía igual, no así los del andén. Aquella mañana había más gente, incluso vestida con ropa luminosa. ¿Quería verlo así? o ¿era cierto? El cartel anunciador de los convoyes, parecía distinto, solo anunciaba que el próximo aparecería en dos minutos. Nada sobre el último del día.
Entré en el vagón situado frente a mi. No fui empujado por los agentes uniformados, ni registrado. Me dejaron entrar en el vagón de cabecera, que conducía una mujer sonriente, como el resto de viajeros. No como en los otros vagones donde los viajeros continuaban como el precedente día, serios, sin hablar ni sonreír.
Durante el trayecto, oí conversar, música en algunos de los aparatos, y a gente leyendo. Algo parecía haber cambiado. Salí al cabo de media hora en la estación situada casi a las afueras de la ciudad. De nuevo estaba en el norte. El día era luminoso, radiante. La gente comentaba mientras caminaba, sonreía. En definitiva algo había sucedido. ¿Había encontrado mi razón de seguir viviendo?
Dirigí mis pasos hasta el centro de la avenida. A mitad del camino creí ver al mismo hombre con quien estuve tomando café el día anterior. En efecto era él. Me saludó con la mano e hizo ademán de que le esperara. Se acercó sonriendo.
     Me alegro de volver a verle. ¿Qué tal?
     Bien. Hoy hace un día maravilloso – respondí.
     Como todos.
     Si, pero ayer….
     Ayer no tenía usted razón de vivir. Hoy parece que si. ¿Ha buscado en su cartera?
     No, no la he mirado. Solo seguí su recomendación, busque en mis recuerdos.
     ¿ Y que? ¿encontró algo?
     No lo se.
     ¿Me deja mirar su bolsa?
     Claro. Adelante.
La abrió y sacó algo que no había metido, pues solo mantengo documentos de trabajo, y el ordenador portátil.
     Veo que en efecto, lo encontró.
Ante mis ojos apareció una buganvilla rosa, con gotas de rocío que expandía un aroma inconfundible. Pegado a ella una foto pequeña.
     ¿Quién es?
     No lo sé. Yo no he puesto eso ahí.
     La rosa tampoco.
     Tampoco.
     Entonces es su factor común. Esa flor significa algo para usted.
     En efecto, pero ¿Qué me dice de la foto?
     Es de una mujer.
     Déjeme verla.
      Sostuve la foto a color entre mis manos. La miré detenidamente, sonreí y volví la mirada hacia el hombre.
     ¿Sabe quien es? – preguntó.
     Naturalmente.
     ¿Y?
     Es Ella.
     Mi enhorabuena. ¿Intentará ser feliz?
     Eso creo.
     Que tenga un buen día, y también los que le siguen.
     Gracias.
Acabé la jornada de trabajo. No quise meterme en el suburbano, necesitaba constatar que el día ya no era gris, sino todo lo contrario. Disfrutar de él, del sol, luz y alegría. Necesitaba el bullicio de tantas veces, hacía tiempo ya, tanto, que no lo recordaba. Subí y baje de varios buses, al final llegué tarde, a una hora no acostumbrada, pero eso ya no importaba, tal vez y esa era mi intención, no volver a ver la ciudad gris. Por fin llegué al sur.
Antes de entrar en mi casa, abrí la bolsa del ordenador y allí seguían ambas flores, la buganvilla, larosa y la foto tuya. ¿Lo conseguiré?

Tal vez sea un sueño, aunque espero cumplirlo.

© Anxo do Rego

 

UN EXTRAÑO MENSAJE

La enfermera me indicó el número de habitación donde estaba. Avancé por el pasillo y al llegar, di dos golpes suaves con los nudillos antes de entrar. No hubo respuesta, solo silencio. Abrí. Pasé pero ya no estaba, había llegado tarde. Minutos después alguien entró para retirar sus efectos personales y ropa. Días antes prometió dejarme un mensaje importante. Durante unos minutos pensé donde pudo dejarlo. Miré hacia el techo y sorprendentemente sus frases aparecían repitiéndose una y otra vez flotando como nubes para luego desaparecer. Me quedé durante horas intentando leerlas, no tenía nada mejor que hacer.
(c) Anxo do Rego.